La experiencia vivida en el colegio donde laboro y el desconocimiento propio de los fundamentos y de las potencialidades de la Jornada Única hasta antes de comenzar el diplomado, eran del todo negativos, ahora, y después de varios ejercicios reflexivos y teniendo la oportunidad de compartir con otros profesores de varios departamentos, veo que aquello que en mi colegio se ha convertido poco a poco desde hace más de cinco años en paisaje puede convertirse en una fortaleza institucional, si se toma en serio la jornada Única más allá de la simple extensión de unas horas de clase, de los requerimientos técnicos y físicos que reglamentariamente existen.
Este diplomado me brindó la oportunidad de compartir con
otros colegas de distintas regiones de Colombia, tanto de zonas rurales como
urbanas, de muchas áreas e incluso directivos docentes, que sin incentivos
económicos o de ascenso, voluntariamente se comprometieron a conectarse virtualmente
durante muchos sábados para compartir sus experiencias, angustias,
interrogantes y logros; quizás esta oportunidad tan enriquecedora no hubiese
sido posible en otro momento de la vida distinto al que ahora estamos todos viviendo,
porque conocer de primera mano las experiencias de profesores de la Costa Caribe,
en los Llanos o en la Región Andina, me
llenan de satisfacción y renuevan el compromiso que asumí desde que decidí ser
profesor.
Docente Colegio Loyola
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